Exposición en el Palacio Provincial de Segovia
Medicamentos y remedios presentes en la primera vuelata al mundo de Magallanes y Elcano.
Resumen de la nota de prensa:
El pasado mes de Marzo del presente año la Diputación Provincial de Segovia acogió en su palacio del centro de Segovia la exposición itinerante sobre el papel de «La botica en las expediciones de Magallanes, Elcano» y su relación con Pedrárias Dávila.
Exposición organizada en colaboración de esta Institución y el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Segovia.
Una exposición desarrollada principalmente por Cecilio J. Venegas y Antonio Ramos, ambos doctores en Farmacia, la iniciativa incluye la recreación de los remedios que se portaban en las naves que realizaron aquella expedición, como un ungüento confortativo, la atutía o polvos de diamargaritón, así como el utillaje propio de los farmaceúticos como pueden ser las balanzas, la caja de preparación, morteros, albarelos, etc.. además de las especias que trajeron los valientes y después supervivientes de aquella hazaña que fué una total revolución para el mundo. Especias como la nuez moscada, azafrán, pimienta negra, sándalo, el jenjibre o la canela.
La figura clave y el hilo conductor de la exposción fué el farmacéutico sevillano Juan Bernal, el cual gestionó la carga de estas provisiones en las cinco naves que partieron con hasta sesenta tipos de medicamentos.
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A la sombra de las grandes expediciones marítimas del siglo XVI, donde nombres como Magallanes, Elcano y Pedrarias Dávila dominan las crónicas, existieron héroes anónimos que velaron por la supervivencia de las tripulaciones: entre ellos, los boticarios.
Juan Bernal, boticario sevillano, embarcó en la «Trinidad», la nave capitana de Magallanes, en 1519. No fue solo un curandero, sino una auténtica tabla de salvación para muchos durante la agotadora vuelta al mundo. El papel de Bernal fue crucial: preparaba remedios, gestionaba los suministros médicos de la nave y trataba heridas y enfermedades con los escasos recursos disponibles. En tierras desconocidas, lejos de cualquier botica, su saber salvó vidas. Una de las anécdotas más memorables ocurrió al encontrar a los gigantes patagones. Tras un intercambio de comida y obsequios, la tripulación se quedó sin alimentos preservados. Bernal preparó una infusión laxante para evitar el acaparamiento y aliviar los males digestivos provocados por las raciones deterioradas.
El escorbuto, enemigo feroz en los viajes largos, devastó la flota. Bernal recurrió a cáscaras de cítricos, extractos de vinagre y hasta agua de arroz fermentada para mitigar los efectos de la deficiencia de vitamina C. Más allá de la supervivencia, las expediciones tenían otra misión: traer plantas y especias de valor medicinal. Entre los tesoros documentados o transportados estaban el jengibre, la canela, los clavos, el aloe vera, la nuez moscada e incluso el ginseng asiático. En el caso de las expediciones de Pedrarias Dávila al istmo de Panamá, se prestó especial atención a especies autóctonas como la zarzaparrilla (usada contra la sífilis) y la madera de guayaco, conocida en Europa como una cura milagrosa. El bálsamo de Perú, también llamado bálsamo de Tolú, se utilizaba tanto como expectorante como para curar heridas. Bernal y sus ayudantes tomaron nota de su uso en la medicina indígena y llevaron muestras de regreso a Sevilla. Estos viajes sentaron las bases de la botánica farmacéutica. Los boticarios como Bernal no fueron solo sanadores; fueron científicos tempranos, observadores del sufrimiento humano y recolectores de saber botánico. Se tiene constancia de que Bernal llevaba consigo un pequeño alambique de cobre y utensilios para destilar aceites y tinturas. Incluso en condiciones extremas, logró producir remedios con hierbas locales, adaptando técnicas europeas al entorno americano. Gracias a estos hombres de ciencia y conciencia, gran parte de lo que hoy se considera medicina global tiene sus raíces en estos intercambios. Los boticarios fueron mediadores culturales tanto como cuidadores de la salud.
Recordar a Juan Bernal es honrar a todos aquellos que, en silencio, curaron frentes febriles sobre cubiertas tambaleantes, combatieron la enfermedad con hierbas secas y ampliaron nuestra comprensión del mundo medicinal.
