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El papel del papel

El papel como vehículo cultural en las Indias.

Detalle del Códice de Huexotzingo, pintado sobre papel amate.

Cuando los españoles establecen contacto con los indios de lo que hoy es México, descubren que ellos ya tenían un papel elaborado allí: el papel de amate.

 La Conquista, colonización y evangelización de las Indias no habrían sido posibles sin la presencia de este importante vehículo cultural. Muy tempranamente se necesitan enormes cantidades de papel: los misioneros como instrumento imprescindible para la conversión de los indios, en libros escritos en sus propias lenguas, los funcionarios para el buen orden administrativo y todos ellos para el recreo personal. Por tanto, el papel fue un medio indispensable para mantener el complejo tejido de relaciones políticas y humanas entre España y las Indias. 

Solo en la segunda mitad del siglo XVII salieron de los puertos de Sevilla y Cádiz miles de libros y cerca de 420 millones de hojas de papel (fuente: La fabricación de papel en España e Hispanoamérica en el siglo XVII. María del Carmen Hidalgo Brinquis. Se cargaron 34.983 balones de papel. Un balón tenía 24 resmas y una resma 500 hojas). El papel se almacenaba en las sede de las compañías papeleras de Sevilla o Cádiz, de donde se embarcaban en las naves de la Carrera. Una vez en las Indias, a lomos de mulas, llegaba a sus diferentes mercados. El papel iba envuelto en lienzo crudo llamado “bramantillo” o mayormente en cajas de madera. Debido a contingencias varias, demoras en la salida de las flotas, naufragios, corsarismo emboscadas de bandoleros en los caminos, etc. transcurría mucho tiempo entre la fabricación de una hoja en Europa y su uso las Indias.

Videos sobre el papel en la Carrera de Indias

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El papel que llegó a las Indias

Durante el siglo XVII, el papel se convierte en una materia imprescindible en la administración de Consejos, Audiencias, Consulados, escribanías, instituciones eclesiásticas así como en imprentas y librerías. Es también un medio imprescindible en las relaciones administrativas de la vida privada ya que toda persona se ve forzosamente abocada a utilizar el papel para cualquier tipo de gestión o trato con la administración. Además, en este periodo, el papel se convierte en protagonista de la vida cotidiana como elemento auxiliar de droguerías, mercerías y especierías, para servir de envoltorio o, simplemente, de soporte de alfileres, botones, pasamanería, etc. y cómo no de las artes pictóricas como el grabado, los naipes sin olvidar sus múltiples usos, como el cartón piedra, papel maché en el gran desarrollo de la “arquitectura efímera” del barroco construyendo arcos triunfales, túmulos y otras obras semejantes para toda clase de festividades: canonizaciones, entradas de virreyes, obispos  etc.

El papel que llegaba era de diferentes clases y calidades según el uso a que iba destinado, pudiendo destacar el “común”, el “superior”, el “de Valencia”, el”azul” (especial contra la polilla y que servía para envolver vestidos y mantillas) y el papel de “marca” o “marquilla”. 

Llegaba casi todo en las naves de la Carrera de Indias. Era fabricado en su mayoría en Génova, en menor media en Francia y también en la Península. No obstante, debido a la inmensidad de los virreinatos americanos que hacía imposible su defensa y la necesidad allí de todo tipo de productos, desde mediados del siglo XVII los corsarios/contrabandistas provocan importantes brechas en el comercio español. Entre los productos que introducen se encuentra, cómo no, el papel.

Foto del museo del Museo Molino Papelero de Capellades (Barcelona)

¿Oscurantismo e incultura?

Edificio de la 1ª imprenta de América, en ciudad de México

Mucho se ha hablado del oscurantismo, la incultura y el atraso de los españoles de la época con respecto a  otros países… Pero esto merece ser revisado y más en el tiempo de esplendor cultural español por antonomasia, el Siglo de Oro. Que dicho sea de paso, duró casi dos siglos. 

Un ejemplo claro de esto lo podemos ver con la difusión de la cultura en todos los territorios del imperio: Juan de Zumárraga, primer obispo de México y fundador de la Real y Pontificia Universidad de México vio la necesidad de contar con una imprenta. Escribió al Consejo de Indias para solicitarla. así como la construcción de un molino de papel en sus diócesis. Tras el oportuno permiso del emperador Carlos V. el poderoso editor afincado en Sevilla Juan Cromberger, embarcó su máquina y al impresor que la operaría, Juan Pablos, en una de las naves que zarpaban de Sevilla rumbo a América. Tras la singladura, es transportada desde Veracruz hasta México. La prensa se estableció en el centro de la capital del virreinato, en una casa llamada por entonces “la Casa de las Campanas” y así, se inaugura en 1539 la primera imprenta de América. No sería la única. En 1584 se inaugura la de Lima.

En 1593 la segunda del virreinato de la Nueva España en Manila, en 1640 la de Puebla de los Ángeles en 1660 la de Guatemala…

Mencionar que la primera imprenta que hicieron los ingleses en América fue en 1639 Massachussets… ¡Un siglo después! que la de los españoles.

El Molino de Papel de Culhuacán. El primero de la Nueva España.

Un artículo que hoy consideramos como algo simple, como es el papel, en la América del siglo XVI era un artículo casi de lujo, imprescindible y escaso. A pesar de que las naves de la Carrera de Indias transportaban cantidades cada vez mayores, no había suficiente producción de papel en España para cubrir la enorme demanda de la veloz expansión de los dos virreinatos. Además, tan preciado material tardaba mucho tiempo en llegar a la Nueva España y mucho más aún, al hermano reino del Perú.

El papel tenía útiles y necesarias funciones: llevar los registros de las naves de la Carrera de Indias, soportar las gestiones burocráticas y administrativas de  dos enormes virreinatos, pero tenía también un papel (nunca mejor dicho) prioritario, e insustituible: su uso para la imprescindible y pronta conversión de los naturales a la fe cristiana.

En Culhuacán, lo que entonces eran las afueras de la actual Ciudad de México, se encontraba el Convento y Seminario de Lenguas de San Juan Evangelista, gran centro de evangelización del área. Para cumplir su titánica misión con eficacia, los monjes

agustinos necesitaban enormes cantidades de papel y libros… que no tenían. Por ello deciden crearlos ellos y construir un molino papelero. Así, serían capaces de producir el tan necesario producto. Su instalación se debe probablemente a la solicitud presentada al Consejo de Indias por el obispo fray Juan de Zumárraga entre 1533 y 1538 y lo encontramos ya en funcionamiento en 1580.

Aprovecharon una caída de agua y un manantial para poner en movimiento la típica rueda hidráulica, que en su centro tenía un eje horizontal, con dos levas en su extremo  que levantaban alternadamente un batán de mazo de madera con clavos en las puntas, cuya función era martillear trapos viejos y transformarlos en pulpa de papel. Después, se secaba el molde de papel, se prensaba para extraerle toda la humedad y se ponían a secar en unos tendederos. Ya secos, se alisaban y pulían con piedras. 

Los restos de lo que otrora fuera el primer centro productor de papel de las Indias, se encuentra hoy el número 6 de la calle 15 de septiembre en el Pueblo de Culhuacán de la Ciudad de México. 

Plano de Culhuacán en 1580

Biblioteca Palafoxiana la primera biblioteca pública de la Nueva España

Fue fundada el 5 de septiembre de 1646 por el obispo y virrey de la Nueva España Juan de Palafox y Mendoza, quien donó cinco mil volúmenes de su colección particular al seminario de San Juan. Se encuentra en el casco histórico de la ciudad de Puebla, México. Al hacer su donación, el gran humanista pensaba tanto la formación del clero, como en la de la sociedad poblana, pues estableció que los volúmenes de su nueva y flamante biblioteca, pudieran ser consultados por todo aquel que quisiera leer o estudiar. Por esta razón, la Biblioteca Palafoxiana es considerada la primera biblioteca pública América. Aunque las comparaciones son odiosas, indicar aquí que la primera biblioteca pública de los EEUU fue la de Boston, creada en 1852… casi dos siglos después.

La mayor parte de su acervo bibliográfico llegó desde España en las naves de la Carrera de Indias, e incluso cuando el virrey concluyó su mandato y regresó a España, siguió enviando libros a la biblioteca de su añorada Puebla a través de los agentes de la

Casa de la Contratación, que con sumo cuidado embarcaban los costosos ejemplares para que no se estropeasen en los largos y duros trayectos.

La Biblioteca Palafoxiana es un tesoro universal que en 2005 fue incluido en el Registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO por ser reflejo de la cultura europea en América. Conserva más 45.000 volúmenes, 5348 de ellos, son manuscritos, Entre los libros más importantes se encuentran 9 incunables (libros impresos antes de 1500) de los cuales el más antiguo es Los nueve libros de la Historia de Heródoto, que fue impreso en 1473. Le sigue en antigüedad, La ciudad de Dios de San Agustín de 1475

Génova, La superpotencia papelera

En este periodo el papel genovés era sinónimo de buena calidad y todos los papeleros europeos intentaban copiar sus características. Además, su comercio en España se vio favorecido por la presencia en Castilla de numerosos banqueros genoveses que prestaban su ayuda económica a la Corona, por lo que recibían a cambio privilegios y monopolios comerciales y la preferencia en el abastecimiento de algunas manufacturas entre las que se encontraba el papel. Estos privilegios aseguraron a los genoveses el control de la materia prima (los trapos), la producción del papel elaborado tanto en Génova, como en Francia o Flandes y su distribución por todo el inabarcable imperio español, con lo que a finales del siglo XVI, la república italiana se convirtió en la industria papelera más importante de Europa. 

En Génova, se establece una abundante legislación sobre la prohibición de la emigración no sólo de los maestros papeleros, sino también de los carpinteros expertos en la construcción de las máquinas y muebles necesarios para la producción del “papel de Génova”. 

Los trapos españoles salían de los puertos y retornaban convertidos en papel ante las quejas de los papeleros españoles, lo que provocó una abundante legislación tendente a proteger a los papeleros nacionales. Una de las primeras muestras de esta política proteccionista es la aprobada en las Cortes del Principado de Cataluña, el 19 de junio de 1599, en la que los papeleros catalanes obtienen de Felipe III la prohibición de la venta y salida de trapos. Igualmente, el 13 de enero de 1615, en Valencia se decide prohibir la salida de la ciudad de trapos para fabricar papel, los cuales habían de ser entregados a quienes tenían molinos de papel en Valencia.

Papel español

A pesar del dominio de los mercados de genoveses y en menor medida franceses, a principios del siglo XVII se inicia una recuperación de la industria papelera española, que va creciendo con más fuerza a medida que avanza el siglo y llega a su mayor esplendor en el siglo XVIII. A pesar de todo, nunca se pudo abastecer totalmente la enorme demanda de un mercado en expansión, impulsado por el enorme auge cultural, el incremento de las necesidades administrativas y el uso cotidiano del papel, sobre todo en los reinos de Indias. 

El papel fabricado en España durante el siglo XVII es de baja calidad e insuficiente para abastecer Esto se hace más patente al encontramos en un periodo muy rico culturalmente con un gran auge de la impresión de libros, gacetillas, pliegos de ciegos, bulas para lo que era preciso una cantidad ingente de papel,

Según datos recopilados por el estudioso del papel, don Gonzalo Gayoso Carreira, y del historiador y estudioso de las filigranas don Oriol Valls y Subirá. En esos años hubo en España decenas de molinos papeleros que no daban abasto para saciar un mercado que demandaba papel a velocidades vertiginosas. Ambos estudiosos localizaron la industria papelera española en los siguientes lugares: 

Reino de Castilla: Alberite, Baños del Río Tobía, Logroño, Soria, Segovia, Palazuelos de Eresma (Segovia), Pastrana, Salamanca, Cartuja de El Paular: este molino fue el más importante de Castilla en el siglo XVII y con su papel se imprimió la primera edición de El Quijote. En Granada había varios a orillas del Darro.

Reino de Aragón: A orillas del río Noya, se concentró la producción papelera más importante de España, tanto por el número de molinos, como por la calidad del papel elaborado destacando el municipio de Capellades (Barcelona). La producción papelera se fue expendiendo en toda la región y en dirección norte alcanzaba Torelló, Salt, Roda de Ter y San Juan de las Fuentes (Gerona) 

En Zaragoza, además de en la propia ciudad, había molinos papeleros en Tarazona y Villanueva de Gállego.

Fuente: La fabricación del papel en España e Hispanoamérica en el siglo XVII  (María del Carmen Hidalgo Brinquis)

El papel de la Carrera de Indias como fuente de impuestos para la Corona

El papel, al igual que los naipes, fue una importante fuente de ingresos para la Corona, sobre todo a través del impuesto del papel sellado creado en el reinado de Felipe III. Antes de establecer esta normativa y el estanco de su comercio con las Indias, ya existían una serie de impuestos con los que el papel contribuía a las rentas de la Corona. Estos, fundamentalmente, fueron los aranceles que se pagaban en las aduanas de los principales puertos de la Carrera de Indias y la tradicional alcabala que se pagaba por la compraventa del papel. 

 Según Mª Luisa Martínez Salinas en su libro “La implantación del impuesto del papel sellado en Indias” este impuesto sobre el papel fue aprobado por las cortes el 3 de octubre de 1617 y quedó establecido en una blanca por cada pliego de papel blanco ordinario y cuatro maravedís por cada mano de papel de estraza. Además, junto a estos derechos de tránsito, que correspondían a la Hacienda Real y que podemos considerar portazgos públicos, subsistieron un gran número de impuestos municipales y señoriales, que añadían nuevos tributos a las mercancías en su paso por sus territorios, por lo que la suma de estos impuestos encarecía sobre manera el precio del producto, dando lugar a una serie de estratagemas para evitarlos. 

Fuente La fabricación del papel en España e Hispanoamérica en el siglo XVII (María del Carmen Hidalgo Brinquis)

La vida en un molino papelero

Con la invención de la imprenta en la mitad del siglo XV, el papel adquiere un gran protagonismo en Europa, lo que disparó su demanda e  hizo necesaria su obtención con mayor rapidez y abundancia dando lugar a la necesidad de elaborar herramientas y máquinas cada vez más complejas, para las que se requería mayores conocimientos. 

En los siglos XVI y XVII, un molino papelero no era únicamente un lugar de trabajo, sino también una gran vivienda. En él habitaban las familias del dueño y de sus trabajadores. No había horario fijo de trabajo. Se trabajaba a destajo según la llegada de pedidos que exigían una dedicación plena para poder entregar el papel en una determinada fecha. Era un trabajo duro, con un importante índice de accidentes y mortalidad, donde había que luchar con una enorme humedad, mal olor y un ruido ensordecedor. A cambio de tantas calamidades los operarios cualificados solían cobrar un buen sueldo.

Se situaban siempre al lado de un curso de agua, pero por otro lado, debía contar con buenas comunicaciones para poder abastecerse de materia prima, fundamentalmente trapos y dar salida al papel que demandaban sus principales clientes; conventos, centros administrativos, notarios, escribanos, impresores, libreros…

La curiosa advocación de la Virgen del Trapo

En 1613, el maestro papelero genovés Juan de Otonel, experto fabricante de papel fino, estableció en las riberas del río Huécar, en el pequeño pueblo de Molinos de Papel (llamado así por haber anteriormente otros molinos destinados a este oficio)  un molino de papel fino de 6 ruedas, que según afirmaba él mismo, era el primero que había fabricado y fabricaba papel fino en España. En edificar este molino, gastó más de 12.000 ducados. Para su instalación y funcionamiento trajo de Génova los instrumentos necesarios y treinta operarios. 

En una ermita fundada en el siglo XVI se venera un pequeño cuadro al óleo sobre lienzo que representa el rostro de un virgen con una curiosa advocación muy relacionada con el mundo del papel en España. 

Como hemos visto, para conseguir la pasta de papel se necesitaban trapos que eran machacados por molinos de papel. Pues bien, la leyenda cuenta que este lienzo llegó incluido en una partida de trapos destinada a ser machacada en el molino, pero la máquina del genovés se paraba o lo rechazaba antes de tocarlo, hasta que el papelero maravillado, lo observó y lo sacó llevándolo a la ermita donde es venerado bajo la advocación de la Virgen del Trapo.

Molinos de Papel, término municipal de Palomera en Cuenca, España

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