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El galeón de Manila

Manila o Cebú, el Maluco o el imperio Ming.

Aunque la idea principal de los castellanos era establecerse en las Molucas, como sabemos, al final lo hicieron en las Filipinas, desde donde se fijaron en el inmenso imperio de la dinastía Ming. Entonces se desplazaron desde la ciudad de Cebú a la de Manila, que estaba más cerca de la costa China.

Desde entonces, la capital de la Capitanía General de las Filipinas se transformó en un emporio comercial y en punto de confluencia de mercancías, personas e ideas de tres continentes. 

Esa indefinición aparece explícitamente en una carta de Legazpi, escrita en julio de 1570, donde el “Adelantado” y primer gobernador de las Filipinas pregunta al virrey de la Nueva España si debe permanecer en Cebú, en el caso de que se pretenda llegar a las Molucas, o bien establecerse en Manila, si lo que se quiere es llegar a la costa china.

La carta se encuentra en Sevilla en el Archivo General de Indias y está reproducida en:

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En la foto podemos ver un grabado de la ciudad de Manila en 1753 por Nicolás de la Cruz Bagay. Se encuentra en el Archivo General de Indias de Sevilla.

La clave del Galeón de Manila: El Tornaviaje.

El mítico fraile agustino, Andrés de Urdaneta, consiguió encontrar el ansiado Tornaviaje, es decir, la ruta que volvía desde las Filipinas a la nueva España. Hasta entonces no era posible.

No se conocía la ruta y la travesía era tan desmesuradamente larga, que los alimentos se descomponían y los más fuertes enfermaban y morían. Además, estaban los propios peligros asociados a tan larguísima singladura.

Hasta el feliz hallazgo del Tornaviaje, solo se podía retornar a territorio hispano, llegando a España a través de la ruta portuguesa, bordeando África por el Cabo de Hornos. 

Tras muchos intentos fallidos, lo consiguieron arrumbando al norte, bordeando Japón hasta tomar la corriente de Kuroshivo, que los llevó casi en línea recta hasta la costa americana, a la altura de California, para ir costeando después hacia el Sur hasta llegar al puerto de Acapulco. 

Esta fue la primera vez en la historia que se conseguía ir y volver de América a Asia.

La ruta «más larga y terrible del mundo»

El viaje de la Nueva España a Filipinas tardaba unos tres meses, pero el retorno duraba el doble e incluso más.

Era ruta la sin escalas más larga del mundo. En sus cerca de 250 años duración, se perdieron unos 30 galeones, con ellos, miles de vidas y tesoros inimaginables.

Los corsarios, las tempestades, las corrientes, los motines, la falta de alimentos, de agua y las enfermedades convertían esta ruta en “la más larga y terrible de las que se hacen en el mundo”.

Al contrario de lo que cabría pensar solo 4 fueron atrapados por los enemigos de la Corona. Otros simplemente desaparecieron, como el San Antonio en 1603 que fue devorado por el Pacífico sin que nunca más se supiera de él.

El explorador Pedro Fernández de Quirós anotó en su diario que “hubo un marinero que dijo que más valía morir una que muchas veces, que le cerrasen los ojos y dejasen la nao ir al fondo del mar.

Que ni Dios ni el rey obligaban a lo imposible”

Pablo Emilio Pérez-Mallaína, catedrático de la Universidad de Sevilla descubrió que cerca de las Marianas había un lugar conocido como el ‘cementerio de doña María’, porque una noble se suicidó allí al no poder soportar tantas penalidades. 

En la imagen contemplamos al aventurero Giovanni Francesco Gemelli Careri, quien pudo haber inspirado “La vuelta al mundo” de Julio Verne.

Él afirmó que la ruta de Manila a Acapulco era la más larga y terrible del mundo. 

¿El verdadero Galeón Fantasma?

Como ejemplo de la terrible dureza de aquella navegación, en 1657, un galeón fantasma se encontró a la deriva en las costas novohispanas de Tehuantepec, con todos sus tripulantes muertos. Según algunos autores, pudo ser el San José. 

Puede que sus tripulantes murieran de peste, pero para añadir más confusión al caso tenemos lo siguiente: Según consta en la documentación, dos naves salieron de Filipinas aquel fatídico año, el San José y el Nuestra Señora de la Victoria.

Meses después, las autoridades de la Real Audiencia de Guatemala fueron informadas de que un galeón se encontraba a la deriva en sus costas, con el piloto muerto y sin gente suficiente para llegar a Acapulco.

80 marinos habían fallecido y solo quedaban a bordo un puñado de hombres, con el general Francisco García del Fresno a su mando. Se suplió a los marinos con otros novohispanos y lograron llegar al fin a Acapulco. 

Quizá, el paso del tiempo, la tendencia a la exageración y la imaginación de las gentes, hayan mezclado los nombres de ambos galeones y sus trágicos destinos… o quizá no…

Hay casos en que es mejor seguir soñando que indagar en la verdad. 

Los sangleyes

La influyente comunidad china de Manila

En todo lo referente al Galeón de Acapulco, hay que hacer referencia obligada a la populosa comunidad china de Manila, estimada entre 20.000 y 30.000 almas entre los siglos XVI y XVII.

Son recurrentemente citados por las crónicas españolas.

En ellas hablan del Parián, el barrio donde vivían los chinos o sangleyes. En una carta fechada el 13 de julio de 1589 y dirigida a sus compañeros de orden en Chiapas y Guatemala, el dominico Juan Cobo,  decía sobre ellos:

“Tienen aqui en Manila junto al rio vn mercado que llaman Pariàn, que es vna grande quadra de portales, en medio de los quales esta vna balsa de agua grande con vna puente al rio, por donde entra y sale el agua, aquí entran con sus barquillos y con sus champanes, que son como varcos pequeños […], son sin cuento los que entran y salen.

En este Mercado ay mercaderias de seda, de lienço, de quantas cosas quieren los hombres. 

Ay oficiales de quantos oficios quisieren, plateros, sastres, çapateros, carpinteros, pintores, cereros… Finalmente quantos oficios quisieren, tantos ay”.

 

En la foto observamos un detalle de un tapiz chinesco que se encuentra en el Palacio de El Pardo (Madrid).

La primera exploración científica de China hecha por un europeo

En la foto observamos el detalle de una pintura en tinta a color sobre seda, por Qiu Ying (1494-1552)

Al igual que las mercancías, también el pensamiento, la técnica y la religión pasaron de un continente a otro.

Los misioneros comenzaron a evangelizar a filipinos y sangleyes, que era como llamaban a los chinos en las Filipinas. Entre esos frailes se encontraba fray Martín de Rada, gran matemático y cosmógrafo y que fue uno de los primeros españoles que visitaron el vasto imperio chino.

En 1575 fue enviado en viaje oficial desde Manila. Tras su viaje, escribió una crónica, como era costumbre entre los españoles en la era de los descubrimientos: La Relaçion Verdadera de las cosas del Reyno de TAIBIN por otro nombre China

Esa obra es, según muchos expertos, la primera exploración científica de China hecha por un europeo.

Paralelamente y en la misma expedición uno de los soldados que acompañaban al misionero, Miguel de Loarca, escribió La Verdadera Relaçion de la grandeça del Reyno de China, la primera crónica de viajes sobre China escrita en castellano.

Ambas obras, fueron fundamentales para el conocimiento de China en la Europa de entonces.

 

Comercio desde China hacia Manila

En el libro de Antonio de Morga “Sucessos de las Yslas Philipinas”, leemos:

“De ordinario, vienen de la gran China á Manila, mucha cantidad de somas y juncos cargados de mercaderías, (…) y las que comúnmente traen y se venden á los Españoles, son seda cruda en mazo, fina de dos cabezas, y otra de menos ley; sedas flojas finas, blancas y de todos colores, en madejuelas, muchos terciopelos llanos, y labrados de todas labores, colores y hechuras;(…)

cantidad de lenceria de yerba, que llaman lenzesuelo, y de mantería blanca de algodon, de diferentes géneros y suertes; para todo servicio; almizcle, menjuy, marfíl, muchas curiosidades de camas, pabellones, sobrecamas y colgaduras, bordadas sobre terciopelo; damasco y gorbaran de matices, sobremesas, almohadas, alfombras, jaezes de caballos de lo mismo, y de abalorio y aljofar; algunas perlas y rubies y zafiros, y piedras de cristal vacías, peroles, y otros vasos de cobre, y de hierro colado; mucha clavazón de toda suerte, fierro en plancha, estaño y plomo, salitre y pólvora, harina de trigo, conservas de naranja, durazno, escorzonera, pera, nuez moscada, jenjibre, y otras fructas de la China, perniles de tocino, y otras cecinas, gallinas vivas y capones muy hermosos, mucha fruta verde, de naranjas de todos géneros, castañas muy buenas, nueces, peras, y chicueyes, verdes y pasados, que es fruta muy regalada; agujas, antojos, cajuelas, y escritorios, y camas, mesas, y sillas y bancos, dorados, y jaspeados de muchas figuras, y labores, búfalos mansos, gansos como cisnes, caballos, algunas mulas y jumentos, hasta pájaros enjaulados que algunos hablan, y otros cantan, y los hacen hacer mil juguetes; otras mil bujerías y brincos de poca costa y precio, que entre los Españoles son de estima, (…) pimienta y otras especias y curiosidades, que referirlas todas, sería nunca acabar, ni bastaría mucho papel para ello”.

 

En la foto podemos ver un plano de Manila que se encuentra en el Archivo General de Indias de Sevilla. Fue realizado en 1671 por fray Ignacio Muñoz.

Los “todo a cien” o “todo a un solo precio” del siglo XVI

En la foto se ve la primera imagen conocida de Manila. Procede de un arcón de madera del siglo XVII. En la parte inferior derecha se puede ver el Parián. El arcón se encuentra en el Museo Julio Bello y González, Puebla, México.

Parece que es un concepto moderno, pero nuestros antepasados ya compraban barato. Fechada en Manila el 24 de junio de 1590, Domingo de Salazar, primer obispo de Manila, escribió una carta a Felipe II en la que leemos:

“Ay en este Parián médicos y boticarios, con rétulos en sus lenguas puestos en las boticas, que declaran lo que en ellas se bende; ay también bodegones en mucha cantidad, donde acuden los sangleyes y naturales á comer, donde me diçen que también acuden Españoles; los officios mecánicos de los Españoles an cessado todos, porque todos se visten y calçan con sangleyes, por ser muy buenos oficiales, al uso de España, y háçenlo todo muy barato; (…) Ay muchos ortelanos entre estos sangleyes, que en partes donde parescía no poderse dar nada, crían ellos muy mucha y muy buena ortaliça ansí de la de España como de la de México, y tienen esta plaça tan proveída como la de Madrid ó Salamanca. Haçen sillas, y frenos, y estribos, tan buenos y tan varatos, que algunos mercaderes quieren de ellos haçer cargaçón para México”.

Comercio desde Filipinas a la Nueva España

Gran parte de las mercaderías que llegaban desde China, eran enviadas en el Galeón de Manila hacia la Nueva España. El producto principal fue la seda, pero además telas y tejidos de todo tipo, especias, porcelanas y otras artesanías como espejos, muebles lacados, eboraria, tibores y decenas de miles de fusilerías muy apreciadas en América y Europa. Aunque el viaje era desmedido, también lo eran las ganancias por lo que desde de finales del siglo XVII muchos comerciantes europeos se establecieron en Manila para beneficiarse de tan lucrativo, aunque arriesgado comercio. Eran en su mayoría ingleses y holandeses, aunque también hubo franceses, portugueses, suecos y daneses.

 No debemos olvidar la gran cantidad de personas que cruzaron el pacífico. Según el profesor Edward Slack, en los 250 años del Galeón de Manila, entre 40.000 y 60.000 asiáticos llegaron a Acapulco. Otros autores, como el historiador José Luis Chong, indican que no puede ser, debido al número de personas que podían transportar los galeones. Así, rebajando la cifra a 14.000 como máximo. 

Una parte importante del comercio del Galeón eran curiosidades de lujo, como este colmillo de marfil primorosamente vaciado y tallado. Se encuentra en el Museo Oriental de Valladolid (España).

Influencias de ida y vuelta. El Parián de México

La pintura es una vista del Zócalo de Ciudad de México, 1695 por Cristóbal de Villalpando en la que se observa el Parián.

El Galeón de la China no fue solo un mero transporte de mercancías. Y la transferencia de ideas, de cultura y de ciencia, no se dio solamente en dirección a Asia. El Parián de México, cuyo nombre evoca a su hermano filipino, era el mercado más importante y bullicioso de América en los siglos XVII y XVIII. Y entre sus comerciantes también había un importante grupo de filipnos. Fue erigido a finales del XVII y estaba situado en lo que hoy es la inmensa plaza del zócalo de la Ciudad de México. Allí se comerciaba con las mercancías filipinas traídas por la Nao de la China y por las llegadas a través de la Carrera de Indias. Su interior estaba surcado por callejuelas llenas de tiendas y puestos en los que se vendían las más exóticas y exclusivas piezas llegadas de la otra punta del orbe. Quienes iban allí a comprar, los “parianistas” eran la élite de la sociedad novohispana. Era un descomunal edificio cerrado donde quienes entraban, hacían ostentación de su elevado poder económico, reflejo de la ciudad, junto con Lima, más pujante de las Indias.

 

Años después de la independencia, fue demolido en 1844 con la remodelación de la Ciudad de México y sus comerciantes fueron expropiados sin ser compensados.  

Hubo además otros parianes en Ojuelos, Tlaquepaque, Guadalajara, Zapopán o Aguascalientes y Zacatecas, algunos de los cuales, aún existen.

La Grandeza Mexicana

Editado en la capital del virreinato de la Nueva España en 1604, el poeta castellano Bernardo de Balbuena, escribió su maravilloso poema dedicado a la ciudad de México titulado Grandeza Mexicana. En él, se puede apreciar la enorme opulencia de la poderosa ciudad, merced a los productos que a través del Galeón de Manila y de la Carrera de Indias llegaban a sus mercados como el del Parián. Aquí dejamos un extracto de tan hermosa y descriptiva obra:

“De España lo mejor

De Filipinas la nata

De Macón lo más precioso

De ambas Javas riquezas peregrinas

La fina loza del Sangley medroso

Las ricas martas de los scitios caspes

Del Troglodita el cínamo oloroso

Ámbar del Malabar

Perlas de Idaspes

Drogas de Egipto

De Pancay olores

De Persia Alfombras

Y de Etiopía jaspes.

en ti se junta España con la China,

Italia con Japón y, finalmente,

un mundo entero en trato y disciplina”

Mercancías de la Nueva España hacia Filipinas

En la imagen podemos ver una barra de plata. Bien en lingotes o amonedada en pesos o Reales de a Ocho fue con mucho el principal producto que iba de Acapulco a Manila.

El principal producto que llegaba a Filipinas y de ahí a China era la plata. Se dio la circunstancia que en el momento en que la dinastía Ming empezó a recaudar los impuestos en plata, en los virreinatos americanos se descubrían riquísimas minas de este mineral, que empezó a ser tan demandado en China, que su cambio con respecto al oro era bastante mayor que en Europa. Por otro lado, China era tan abundante en todo, que los castellanos se dieron cuenta en seguida de que lo único que podían ofrecer a los chinos para comerciar era plata. Así se desprende de la carta enviada en 1573 a Felipe II por el virrey novohispano Martín Enríquez:

…Vna de las difficultades queste trato y comerçio tiene es que desta tierra ni despaña, asta lo que agora sentiende, no se les puede lleuar nada, que ellos no tengan, porque tienen abundancia de sedas y lençería: dizen asimismo que la tienen; paños, por ser la tierra caliente, no los gastan ni los tienen en nada; açúcar, ay gran abundançia; çera y drogas y algodón en las islas ay gran cantidad, a donde ellos lo uienen a rrescatar. Por manera que se viene a resumir que la contratación desta tierra á de ser con plata, que es lo que ellos más estiman. 

En menor medida que la plata, el galeón también llevaba variedad de productos europeos y novohispanos, tales como libros, tintes, cueros, cacao o vainilla. Es muy destacable la introducción en China de cultivos de origen americano, como la patata, el maíz, el girasol, el tomate o la calabaza. Como ocurrió en Europa, algunos de esos productos evitaron hambrunas y ayudaron a la mejor alimentación del país.

Las fechas

El galeón partía de Manila en junio o julio, con el monzón de verano, y llegaba a Acapulco en noviembre o diciembre. Entre enero y febrero se descargaban las mercancías en Acapulco. El barco salía de Acapulco hacia marzo o, como mucho, abril, y navegaba en derechura hacia Manila donde llegaba entre junio y julio, justo cuando estaba saliendo otro galeón con dirección a la Nueva España.


Dos enormes ferias se realizaban coincidiendo con las llegadas del Galeón a sus destinos. La de Manila y la de Acapulco. Esta podía llegar a durar casi dos meses. La ciudad novohispana se transformaba por completo, cobrando una extraordinaria animación. Se pagaban precios exorbitados por un lugar donde dormir, comer o beber. La plata corría a raudales y cambiaba de manos, fruto del desbordante comercio.

Concluida la feria, buena parte de las mercaderías eran enviadas a la capital de virreinato por los caminos reales, para venderse en el mítico Parián. Otras iban a otros lugares de la Nueva España.

Otros se “escurrían” por caces poco lícitos al virreinato del Perú puesto que desde muy pronto se prohibió a los comerciantes “peruleros” su asistencia a la feria de acapulco. Finalmente muchas de esas mercancías se embarcaban hacia La Habana para venderse allí a precios astronómicos, o por medio de la Carrera de Indias, llegar a España donde solo los ricos entre los ricos se lo podían permitir, incluidos lógicamente los monarcas.

Miles de piezas traídas desde la otra parte del mudo pasaron a engrosar las Colecciones Reales.

La pintura pertenece al pintor español Carlos Parrilla Penagos.

Lujos asiáticos en los palacios españoles

En las fotos, parte de la vajilla de Porcelana de Felipe V y un cuerno de rinoceronte tallado.

Las Colecciones Reales españolas cuentan en sus palacios con muchos ejemplares de productos asiáticos llegados a través del Galeón de Manila y la Carrera de Indias. Tibores, porcelanas, dragones de fo, lacados, muebles, marfiles, vajillas, joyas… llenan las estancias de palacios en Madrid, El Escorial, San Ildefonso, La Almudaina, Aranjuez… y sin embargo, pocos ojos reparan en ellos.

Estas obras de arte fueron realizadas por alguien en un taller de China, de allí serían llevadas en carros hasta los puertos del sur donde se dejarían en almacenes hasta su embarque. Serían cargados en un barco y atravesarían el mar hasta Manila donde serían de nuevo descargados y almacenados hasta la salida del Galeón. Tras cargarlos recorrerían medio planeta desafiando a tormentas y tifones llegando a Acapulco donde de nuevo eran descargados y almacenados en espera de ser cargados trasladados en carros y reatas de mulos hacia Veracruz. Tras almacenarse de nuevo, serían cargados en un buque con destino a La Habana y de allí atravesarían la otra mitad del mundo hasta Sevilla, Sanlúcar o Cádiz. Tras su descarga y último almacenamiento serían por última vez transportados en carros hasta su destino final en los palacios españoles. 

Si lo pensamos bien, es un milagro que llegasen de una pieza sobre todo las porcelanas. Muchas no lo lograrían. ¿Quién podría costearse el precio de una de estas solas piezas? Solo los ricos entre los ricos, pues constituían, verdaderos lujos asiáticos.

El último Galeón de Manila.

El cuadro pertenece al pintor Carlos Parrilla Penagos. 

Las Cortes de Cádiz decretaron en 1813 la supresión de esta ruta, lo que conllevaba que los comerciantes de Filipinas pudieran comerciar en total libertad y con sus propios barcos, pero la alegría duró poco.

Tras la guerra civil que culminó con la independencia del inmenso virreinato de la Nueva España, las mercancías del último Galeón de Manila fueron requisadas por el nuevo gobierno y en marzo de 1815 regresó de vacío a Manila. Llevaba el simbólico nombre de “Magallanes”.

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